domingo, 30 de enero de 2011

TRES ACTITUDES QUE NOS ALEJAN DE DIOS

ROMANOS 1.21–32

Basado en el libro "En Manos de la Gracia" de Max Lucado

Muy pocas veces se logra entender de una manera simple verdades tan profundas como las que presenta Max Lucado en la primera parte del libro “En Manos de la Gracia”. La forma magistral como expone el texto bíblico de Romanos, ilustrándolo con una historia sencilla y hermosa, permite revelar la verdad profunda expuesta por Pablo a la iglesia del primer siglo.

La historia de un grupo de hermanos que desobedecen a su padre y como consecuencia son arrastrados a una tierra inhóspita, es una excelente forma de describir como nuestra desobediencia, como especie humana, nos alejó de Dios. Pero aún es más brillante la manera como Lucado representa las acciones posteriores en esa tierra de tristezas y desventuras.

Tres tipos de actitudes: Autosatisfacción, Autojustificación y la Autosalvación; son las que describe el autor. Cada una de ellas soportadas en la idea de que por nuestros propios medios podemos restituir o alcanzar la felicidad perdida por la desobediencia al Padre.  Estas actitudes generan según el autor tres tipos de personas, el hedonista, el criticón y el legalista.

Es interesante pensar que tal vez cada uno de nosotros hemos vivido en cada una de estas actitudes y que en un momento dado hemos sido cada uno de estos personajes. Cuando vivimos en un medio que permanentemente nos está diciendo que hagamos lo que queremos, soñamos y que lo importante es lo que vivimos, experimentamos y la dicha que produce esas vivencias, ¿no somos acaso el hedonista que en su autosuficiencia construye chozas de placeres, amigos, bebidas, logros y éxitos?

En otros momentos somos el dedo señalador, que mira y critica permanentemente lo existente creyéndose más o con mejores posiciones que el que está al frente. Cuánto de nuestro periodismo, de nuestro accionar político e incluso de las propuestas laborales y personales no se basan específicamente en eso, en criticar, señalar, cuestionar al otro.

Pero considero que el más alarmante o peligroso es el legalista, porque él, creyendo que está haciendo lo correcto según un modelo establecido, vive y se esfuerza por alcanzar algo que no va a lograr en sus propias fuerzas y rechaza la ayuda de quien si es capaz de darle solución a sus problemas.

Si hago esto Dios me aceptará. Si enseño esta clase… y levantamos una piedra. Si voy a la iglesia… y ponemos la piedra en el agua. Si doy esta ofrenda… otra piedra. Si aguanto otro libro de Lucado… diez piedras grandes. Si leo mi Biblia, si tengo la opinión acertada respecto a la sana doctrina, si me uno a este movimiento… piedra, sobre piedra, sobre piedra.

Finalmente, como todo lo que tiene que ver con el Dios de la Biblia, hay esperanza. Lucado nos muestra una verdad inmutable: El Padre envió a su hijo para salvarnos. Él preparó la forma, el medio, el cuando y el quien para restaurar lo destruido, encontrar lo perdido y acercar lo que se había alejado. Es la fe en Jesucristo lo que nos da la verdadera felicidad, no los placeres, no la crítica, no las obras. La fe en que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Tim 2:5)